Blair  - Soul Eater

25/3/16

La ultima llamada- Voces anónimas.

La ultima llamada- Voces anónimas.




La perdida de un ser querido puede ser algo devastador. Muchos al sufrirla caen en una profunda depresión  y sienten una angustia tan grande que llegan a sentirse, de alguna manera, culpables por el destino funesto de aquel que ya no esta. Cualquiera de estas personas daría lo que sea por tener una mínima oportunidad de volver el tiempo atrás y hacer algo para evitar aquel fallecimiento. Pero...   ¿ Que pasaría si ese ser querido a punto de cruzar el umbral entre la vida y la muerte encuentra la manera de comunicarse con alguien que puede evitar que pase al otro lado?...

Esta es la historia de Alejandro y Micaela, una joven pareja que se amaba como pocas; Ellos soñaban con casarse, formar una familia y vivir juntos para siempre... Pero un día todo cambio. Fue el día que llamaron a Alejandro para darle la peor de las noticias: Micaela había muerto.

 Con la muerte de alguien amado algo dentro de uno también se muere. Eso sentía Alejandro, tirado en la cama de su cuarto. Micaela ya no estaba. Se había ido para siempre. El destino había querido que ella, la mujer con la que pensaba casarse y tener hijos, se muriera súbitamente mientras trabajaba.
No tuvo tiempo ni de despedirse, ni de mirarla a los ojos por ultima vez. Y ahora Alejandro estaba allí, cansado de tanto llorar en el velorio y en el traslado del cuerpo hasta la cripta familiar. Aún sentía en la palma de su mano el frío de la argolla de hierro del ataúd, como si continuase transportando el cajón donde, todavía no podía creerlo, descansaba el cadáver de su inocente «Mica».
No sabía si llevaba dos, tres o cien horas sobre aquellas sábanas que aún guardaban el perfume de su novia, cuando sonó su celular. Desde la cama podía verlo vibrar sobre la superficie de madera del mueble donde lo había apoyado antes de acostarse. No soportaría un pésame mas. El teléfono sonó varios minutos, sin cesar pero el no estaba dispuesto a atender esa llamada, así que se quedo acostado y, finalmente, se durmió a pesar del sonido incesante.
Horas después, Alejandro se despertó. Había dormido toda la noche y afuera empezaba un nuevo día. en su interior no pasaba lo mismo, él sabía que en la noche de su alma ya nunca amanecería. La urgencia de ir al baño lo obligo a levantarse. Cuando volvió al dormitorio para tirarse nuevamente en su cama, recordó las llamadas. Tomó su celular y descubrió que tenia once llamadas perdidas. Lo peor cuando vio su procedencia: El número desde el cual lo habían llamado tan insistentemente... ¡Era el de su novia! Un escalofrío le recorrió el cuerpo de pies a cabeza y lo invadió un terror irracional, un terror que le heló la sangre. La pantalla de su teléfono también le avisaba que tenía un mensaje de voz de aquel mismo número. ¿Cómo era posible?. Le costó activar el mensaje debido al temblor de sus manos. Cuando por fin lo consiguió pego con fuerza su oído al altavoz del celular. Alguien respiraba en aquella grabación, muy débilmente, pero alguien respiraba.  Y se escuchaban unos quejidos ahogados, como si una persona intentara decir algo. De ser así, el mensaje terminaba sin que lo lograse porque en ese preciso instante la grabación se cortaba. 
Tratando de buscar una explicación que salvara su cordura, Alejandro pensó que, como la familia de Micaela no había querido que se le practicara una autopsia, lo mas lógico era que las personas que se ocuparon de preparar el cadáver para ser velado le hayan entregado las pertenencias de la muchacha a sus padres. Seguro, entonces, que el celular de Mica estaba en poder de ellos. ¿Qué significaba aquel mensaje que intentaron dejarle? Algo en su interior le pedía que resolviera esos enigmas así que decidió ir a la casa de Micaela para averiguar que era lo que verdaderamente había acontecido.
Salió a la calle y recorrió apurado las cinco cuadras que los separaban de la casa de su novia. Cuando llegó y les comentó lo ocurrido a los padres de ella, estos negaron tener el celular en su poder, pero le dijeron que se quedara tranquilo, que seguramente el teléfono lo tenía una tía de Micaela. Estaban tan devastados como el y no habían querido ocuparse de los trámites y preparativos del  velorio y el entierro, y la tía se había hecho cargo de todo eso. Era a ella a quien, sin dudas, le habían entregado las pertenencias de la muchacha. Tal vez aquella señora había activado el teléfono por equivocación y por eso lo había llamado. Seguramente en alguna de esas llamadas se activó, sin intención, el correo de voz y esos sonidos extraños fueron lo que Alejandro escuchó.
Esto fue lo que el joven pensó en ese instante, tal vez para tranquilizarse y explicar lógicamente algo que minutos atrás parecía imposible de explicar. Igualmente el joven seguía sospechando que había algo mas.
Alejandro se despidió de los que ya no serian su suegros y volvió a caminar por las calles de la ciudad. Le costaba creer que la vida siguiera como si nada. El mundo continuaba sin su amada y eso lo destrozaba. De pronto sintió unas ganas desesperantes de ir al cementerio, estar allí donde, al menos,donde quedaba algo de ella. Compró unas flores en la entrada del camposanto e ingresó. 
Camino entre las lapidas y mausoleos, entre llantos y miradas aún peores que los llantos. A unos metros la cripta familiar donde descansaba los restos de Micaela, decidió sacarse aquella duda que tanto lo atormentaba: Intentaría comprobar que las llamadas perdidas del celular de Mica, que recibió la noche posterior a su entierro, no habían sido realizadas por ella. 
La idea de que era ella quien lo llamaba era absurda, pero no dejaba de dar vueltas en su cabeza y ese oscuro pensamiento no hacía otra cosa que apuñalar una y otra vez lo que quedaba vivo de su alma. Fue así como sacó su celular y con la mano temblando llamo a Micaela. Esperó unos segundos y entonces un sonido débil, muy débil, quebró el sepulcral silencio del cementerio, un sonido que hizo que su corazón diera un vuelco. Aunque era casi imperceptible, Alejandro hubiera reconocido esa melodía entre un millón de músicas. Aquello que escuchaba el ringtong del celular de su novia y no parecía estar lejos. El joven camino hacia ese sonido, rogando que la tía estuviera visitando a su sobrina, pero lo único que encontró fue la puerta del panteón familiar donde descansaba su amada. ¡El celular sonaba allí dentro! En medio de un ataque de nervios, el muchacho consiguió contarle lo que pasaba a uno de los cuidadores del cementerio. Minutos después entraron a la cripta y abrieron el ataúd de Micaela. Lo que vieron a continuación perduraría por siempre en la mente de Alejandro, atormentándolo. Allí estaba el cuerpo  de su novia. Tenía las uñas destrozada y los dedos de las manos llenos de sangre. La madera del féretro estaba arañada en varios sitios. El rostro de la muchacha tenia la boca y los ojos abiertos, como si la ultima bocanada de oxígeno la hubiera exhalado así, gritando, luchando por salir de ese diminuto cajón. Lo peor era que una de aquellas manos ensangrentadas aún sostenían su teléfono celular.
Más tarde, verificaron que Micaela fue dada por muerta cuando no lo estaba.
Ella había sufrido un ataque de catalepsia que la sumió en una especie de sueño sin signos vitales reconocibles. Este estado de suspensión puede durar, en algunos casos, hasta tres días. A Micaela le alcanzó para despertarse en su ataúd. El peor despertar que uno puede imaginar.
La catalepsia ha provocado miles de entierros de personas vivas alrededor del mundo, sin embargo, el caso de Micaela se diferencia de los demás por un detalle realmente siniestro. Ella tuvo una oportunidad de escapar de aquella atroz pesadilla. Las personas que prepararon su cuerpo para el ultimo adiós olvidaron retirar su celular del féretro. Ella intentó realizar una ultima llamada desde el interior de su ataúd, pero sus intentos no fueron respondidos por la persona que había elegido para que la salvarla, su amado novio,Alejandro. El escaso aire que le quedaba solo le permitió dejar aquel jadeante, con una desesperada despedida.
Dicen que Alejandro fue internado en un manicomio. Su mente no soportó aquella culpa, aquella certeza. El había tenido la posibilidad que todos quieren tener: Poder modificar el destino fatal de un ser querido. Nadie podía quitarle de la cabeza que si el se hubiera levantado de la cama para atender su teléfono, el ser que mas quería en el mundo no hubiera sufrido la muerte mas horrenda de todas, ser enterrado vivo. 

•D•a•r•k•o•w•l• & R❤X

3 comentarios: